Thursday, April 06, 2006

La suerte nunca estuvo de lado de Hija de Perra. Los ojos de la ciudad se pusieron a su merced, pero su destino estaba marcado, ella sería olvidada, ella caería en lo más bajo. Apenas dos horas después de que fuera albergada en casa de gobierno, la primera dama se la entregara a la sirvienta para su cuidado, la señora se sentía incapaz. Ella fingió un amor maternal ante la niña, pero en realidad le provocaba asco siquiera estar cerca de una niña recogida en un basurero. Pero la mantendría hasta que su marido terminara su mandato, para callar al pueblo. Al siguiente día, la niña tenía programado una bañada y una desparasitada, para que así pudiera acercarse con un poco mas de confianza a la primera dama.
Pero al siguiente día la prensa sólo hablaba del brutal asesinato de un acaudalado y rubio matrimonio. Los cuerpos de Emilio y Estefanía Wolf, los encontraron dentro de su auto, amarrados a sus asientos, y el cual fue arrojado a las profundidades del lago Verde. La señora Estefanía tenía tatuado en su frente la palabra Perra. Los medios no dejaban de hablar del asunto, le dieron más importancia que a las recién descubiertas tranzas del gobernador. Muchos pensaron que el mismo mando a asesinar a los Wolf para quitarse la presión de encima. Y cuando no hablaban de los presuntos responsables, hablaban del pequeño Emilio Jr y la pobre Sofía que habían quedado huérfanos. Ellos tan blanquitos y tan ricos, como iban a sobrevivir. La gente como siempre re rindió ante el caso que se olvidaron del casi inmediatamente capturado asesino (un obrero súper jodido) de las tranzas del gober, y por supuesto de la Hija de la Esperanza, la niña de la Tatemada, a quien la justicia y la vida llamarían mas tarde Hija de Perra.
Jovita no quería, pero obligadísima por su patrona Doña Roberta, regresó a Hija de Perra al mismo basurero donde había sido encontrada. Jovita la metió en una de las caras canastas francesas, la envolvió en unas finísimas sábanas de satín y para su protección le agrego una medallita de la virgen de Guadalupe bañada en oro con incrustaciones de diamante que Doña Roberta había mandado a hacer para la visita que tenía planeada hacerle al Papa (el cual por supuesto los mando a la fregada) y una carta pidiendo disculpas por abandonarla.
A media noche, acompañada por el chofer de los Magistral, y con la promesa de una parada rápida en el Motel El Velador, Jovita llevó a Hija de Perra de regreso a La Tatemada. De noche y con tanta miseria le fue imposible ubicar el callejón donde fue por primera vez abandonada. La dejo en el primer lugar vacío por el que pasó, jurándose a sí misma que jamás hablaría de lo sucedido por aquello que tanto peca el que mata la vaca…
Fue otra noche fría. Un par de perras callejeras, se acercaron a la canasta de la recién nacida. La olfatearon, y ambas la rodearon con su cuerpo. Dentro de la mala suerte de Hija de Perra, esa noche, sería protegida.