Doña Francisca, pese al poder otorgado por Hija de Perra, lo uso en su contra, maldiciendola por la muerte de Socorro. Condenó a la niña que apnes opdía pronunciar sus primeras palabras a no hablar hasta que su dolor de madre desapareciera. La niña quedo muda desde ese momento. Tenía tres años cuando al regresar a casa, se topó con la noticia de la muerte de una de sus protectoras. Sin tener pertenencias que tomar, se fue de la casa donde se había escondido por tres años. Doña Francisca ignoró sus visiones, donde le pedía porteger a Hija de Perra para prevenir una tragedia en La Tatemada.
Hija de perra, entonces, empezó un largo y peligroso recorrido por los barrios de la Tatemada, pronto se encontro con un grupo de niños de la calle, a los que llamó "Los Niños perdidos" en alusión al cuento de Peter Pan que le había platicado Socorro. Ellos la rechazaron, ella resistió y poco a poco se ganó un ligar en el grupo. Se sintió protegida, aùn sin un nombre, sin una identidad, en un grupo donde todos se referían a ella como La Mudita. Entre niños Hijas de Perra empezó a forjar su carácter, descubrió que era inmune tambièn al dolor físico, por lo cual nunca temió a golpearse accidentalmente trepando o brincando. Así también soportaba los golpes, los cuales en poco tiempo aprendió a regresar de mejor manera. A los cinco años, hija de perra era la jefa de la pandilla, y no dudaba en demostrar con golpes su superioridad. La Tatemada no tardaba en recibir la primera mordida de Hija de Perra.
Quienes supieron la historia de Hija de Perra, aseguraban, que esa bebé era un milagro, era un santa, una santa cubierta en miseria y mierda como todo el barrio La Tatemada. Tres semanas pasaron entre que Hija de Perra fue abandonada y fue encontrada por Socorro, una niña de 5 años, quién la confundió con una muñeca, cosa lógica, ya que Hija de Perra no se comportaba como un bebé, y según cuentan, nunca lloró, ni por hambre, ni por frío, siendo unos pequeños rugidos la única forma de dar a conocer que algo la molestaba. Socorro al verla, y darse cuenta que esa muñeca era de carne y hueso, escondió la canasta debajo de la cama que compartía con tres de sus ocho hermanos. Después empezó a alimentarla con la poca leche que a veces sobraba, con atoles que le mendigaba a la sra. de las quesadillas. Mal alimentada, abandonada, protegida por una niña de cinco años y un par de perras, la que algún día fue llamada La Hija de la esperanza, logró crecer, inmune a las enfermedades que sufrían todos los vástagos del barrio, incluida Socorro, quién con un poco más de conciencia, sacaba a pasear a la niña, ella sola la enseñó a caminar, y a pronunciar sus primera palabras, al tiempo de que en el barrio, preguntaban quién era la bebé que traía Socorro, a muchos les restaba importancia, el saber que en su casa, la reproducción casi parecía espontánea. Pero las cuentas no salían, a los tres meses, toda la Tatemada, traía el chisme de que la pequeña Socorro se había robado una niña. Chisme que inmediatamente llegó a oídos de Francisca, la adivina del barrio y madre de Socorro. “Ese es el mensaje que me mandaban los arcanos y no comprendía…” . No habían tales arcanos, doña Francisca, como todos sabían era una charlatana, aunque muchas veces le atinaba y en eso erigía su fama de vidente.
Doña Francisca esperó tarot en mano a Socorro, la vió a lo lejos con una niña, reconoció la ropa de alguno de sus hijos en ella, y una voz en su interior la hizo doblar a la vuelta de su pequeña casa, lugar al que nunca iba y encontró el refugió de la bebé. Esa voz en su interior, le empezó a decir varios secretos de su entorno, respuestas a varias preguntas planteadas esa mañana por sus clientas, entre la basura se arrodilló y extendió su baraja, algo extraño le pasaba, y veía claros mensajes en sus cartas. Esa tarde doña Francisca obtuvo el don de la clarividencia, y según sus cartas, esa niña que tenía su hija en sus brazos era la causante de este regalo, vio que la niña era algo grande, que tenía que mantenerla cerca, protegerla, no era una casualidad que fuera abandonada en su casa, la niña corría un grave peligro, pero toda la Tatemada estaría destinada a la desgracia con esa niña lejos, salvándola, podrían salvarse todos.
Hubo un trato esa noche. Socorro no se enteró que su madre ya no era una adivina charlatana, y Doña Francisca no se enteró de la canasta que su hija guardaba bajo su cama. Acordaron mantener a la niña en casa, a escondidas del esposo de doña Francisca, Socorro estaría a su cuidado y la vigilarían constantemente.
Después de cuatro años, todos en La Tatemada estaba aterrados: una epidemia de cólera atacaba a todos los niños del barrio. En semanas, familias de nueves o diez hijos, se vieron disminuidas a unos cuatro o cinco, y no había familia que se salvara de esta enfermedad, y milagrosamente, los nueve hijos de doña Francisca estaban en perfecto estado. Mientras le echaba las cartas a la pollera, en su tarot vió un mensaje “la salud no es gratuita”. Esa noche, en su cama, Socorro murió de cólera.