Hija de Perra vs. La Peluquera.
La Teresita no tenía idea que la niña que arrastraba de las greñas era la misma que le había dado una tremenda tunda al Garnacha. Al llegar a la puerta la dejó caer, pensando que se quedaría esperando asustada en el suelo se metió por un trapeador imaginando poder obligarla a limpiar su banqueta adornada con ya muy gastados azulejos. Pensó tontamente que el miedo causó que esa niña no se quejara ni defendiera, no pasó por su cabeza que ella era la niña mudita que dejó fuera de combate a su cuidador, tampoco se dió cuenta que inmediatamente que se dió la vuelta, Hija de Perra se puso de pie, corrió hacia ella y se lanzó a una de sus piernas, ese ´día enfundada en una bermuda mordiéndola de tal manera que el grito de La Teresita se escuchó en toda la Tatemada. La Candis trató de ayudar, pero Hija de Perra con una patada, empujo una de las sillas de Fanta que terminó por atrancar la puerta dejando a la pordiosera y a la peluquera encerradas dentro de la estética. Era temprano, no había clientas, la mordida asustó a la Teresita, pero con cosas peores se había enfrentado en sus años de prostituta. Mientras sentía una mordida demasiado sólida para ser de una niña y paralizado por el miedo que le causaba, La Teresita se dió cuenta que su atacante era Hija de Perra, pero aún así se negaba a creer la fuerza de esa niña. La vida había hecho de la Teresita, según los propios chismes que La Candis había propagado entre la clientela, un ser muy testarudo, cerrado, todo el barrio lo concideraba un monumento a la estupidez humana, pero era uno de esos males del barrio con el cual se evitaba enfrentarse, no porque miedo, no por respeto, todos en la Tatemada opinaban que enfrentarse con la Teresita era el equivalente a matar a una rata de un pisotón, descalzo. Vivía en su mundo, sumamente protegido con sus malos modos y malos tratos, adulado por la Candis y trataba que nadie se enterara de sus largas depresiones. Era inutil, nadie en el barrio se procupaba por lo que sucediera con la Teresita a nivel emocional. Muchas de sus clientas le pedían de favor, que se vistiera de mujer y atacara a alguna incauta que se metiera con su marido o con la que tuvieran algún problema de vecindad, la Teresita aceptaba sintiendose útil y mala, y dicho sentimiento no la dejaba ver que solo era usada, de la misma manera de cuando se travestía para prostituirse.
La mordida de Hija de Perra provocó que se quitara ese caparazón (muy ad hoc con su figura de tortuga) y terminara en el piso. Sin embargo Hija de Perra aún tenía en ella ese instinto que le provocó la ofensa recién hecha, conciente de su debilidad física comparada con la de la Teresita, la noqueó lanzádole la secadora de pelo al más puro estilo de David y Goliat, en un intento por escapar, La Teresita se enredó con el cable de su grabadora la cual, calló en su cabeza, Hija de Perra le arrojó cantidad de cosas que encontró en la estética: cremas, barnices, cepillos y finalmente le clavó sus tijeras en la mano, acto que aterrorizó a la Candis que se echaba el númerito desde la ventana implorando ayuda. Nadie intervenía, pensado que algún antiguo cliente se cobraba con La Teresita algún pollito viejo. Mucha fue la sorpresa al ver salir de la estética a una niña de cinco años, La Candis se alejó de ella. Hija de perra tomó el costal y siguió su camino. Nadie dijo nada, nadie le agradeció, pero la madrina de la Teresita fue a salud de la Tatemada, en especial de los niños violados por la Teresita.
Hija de perra.. esta suelta.
La Tatemada sabía ya de Hija de perra, su fama creció desde su encuentro con el Garnacha. algunas verduleras agradecían el hecho de que una niña tan chica, ridiculizara al cáncer del mercado, habían otros que no estaban contentos con que una insignificancia rompiera los roles ya establecidos en el barrio, pero esto era meramente miedo. Con el Garnacha rebajado a un bufon más, cualquier niño de la calle podría revelarse.
Juan Carlos Escobar, mejor conocido como La Teresita, la peluquera del barrio, tenía bien sobornado al Garnacha para que protegiera su muy humilde y abollado changarro, donde le ponía luces rubias a todas las tiangueras y largas uñas de acrilico, incluso las pirujas frecuentaban "El Palacio de la Belleza" como se llamaba la estética Unisex a retocarse los rayitos, hacerce la base, el tupè, el crepe o acicalar sus pelucas; Teresita era una experta, y como no, si los rumores de la Tatemada eran que era egresada de la zona roja de la ciudad, sus ex colegas eran sus clientas. Pero parte de la protección, tambièn recaían en la Candis.
La Candis era un niño, fiel personaje de la Tatemada, y todos en el barrio sabían de la relación pedófila obligatoria entre él y la peluquera. Aparte de el tapiz de margaritas, las decenas de posterts de cantantes y actores recien recortados de la TvyNovelas por la misma Candi, habían dos cosas que no podían faltar en la escenografía de "El Palacio de la Belleza", la regordeta y malformada figura de la Teresita, a veces enfundada en letales licras rojas, amplia camiseta esmeralda y su inseparable cangurera, peine en mano y tijera en la otra, sus pelos chinos y grasos y la cara que según los clientes y teporochos, correspondía a una elefanta recien cogida. La Teresita hablaba con las clientas, presumía de su categoría, de su clase, de su alcance, todas, ignorantes y analfabetas, pero nunca dejaron un lado el factor del obscuro pasado de la peluquera y el horrendo presente, la Teresita no solo encerraba a la Candi, obligaba a otros niños, cuando los clientes se habían ido a pasar al mortal "cuartito de atràs". La Candi por su parte no resaltaba mucho entre tanto folklor, iluminaban más el cuarto las sillas patrocinadas por la Fanta que estaban ahí para que esperaran las clientas. Su función ahí era el de barrer el pelo y abrir la puerta.
La Candi, un niño muy finito, rubio, dejaba muy en claro su feminidad, era un niño bajito de extremidades muy flacas, manos muy pequeñas y una barriga prominente producto de una mala alimentación, no hablaba mucho, sus problemas intestinales y bucales le provocaban un mal aliento que espantaba a la misma pescadera cuando se hacía el pedicure y que nadie se atrevía a decirle "te apesta la boca", por lástima, era lo más seguro. Se destacaba anónimamente dibujando en sus ratos libres y tenía miles de cuadernos llenos de garabatos poco comprensibles para algunos, pero en la vida real, la Candi, era demasiado gris, su caracter hacía que los que lo rodeaban, generalmente no tomaran en cuenta sus emociones, mucho menos sus sentimientos, los cuales aseguraba no tener, pero erán los mismos de un niño traumado, violado abandonado y a punto de entrar a la adolescencia. Cuentan que la Teresita lo recogió cuando regresaba a la Tatemada, el niño se había quedado solo, su mamá y sus hermanos estaban lejos, el y su papá habían llegado a la ciudad buscando un pollero para irse a los Estados Unidos. Teresita se imaginó que era uno de tantos niños que los jornaleros traen a la ciudad a perderlo. Candi sabía perfectamente donde estaba papá, pero le causaba tanta verguenza que un extraño lo supiera, así que no dijo nada, la Tatemada no lo sospechaba y el sabía que era algo delicado y que con su prudencia jamás saldría a la luz. La misma vida de la Candi era un infierno, sometida a un trabajo que lo denigraba y desgastaba.
Hija de Perra regresaba arrastrando un costal con fruta maltratada que había recolectado en el mercado con la horda de marchantas agradecidas, el cual dejaba en la banqueta un pequeño rastro de jugo. Al pasar por la recièn barrida por Candi, banqueta de El Castillo de la Belleza, èste corrio a chismearle a su patrona de la mancha ocasionada por una chamagosa. Chanclenado, mascando chicle y cepillo de rueda en mano, la Teresita salió fúrica, poco le importaba que bajo esa vieja blusa gris se le salieran las lonjas por debajo y las manchas de sudor fueran evidentes, Teresita tenía senos naturales por su gordura, pero estos, ya estaban caidos. A sus espaldas, la Candi le decía entre otros apodos "La chichis de india"
!Oye pinche excuincla pendeja!- asi de fina se expresaba- tu me vas a trapiar de vuelta el desmadre que me hicistes aqui afuera...- y mientras le reclamaba se acercó hasta tomarla del pelo y tirarla al piso. Hija de Perra calló encima del costal aplastando la poca fruta buena. La Teresita la jaló del pelo y arrastró de regreso alegando que no sabía con que tipo de perra se había metidoy que pagaría haber pasado por su local.
No Teresita, eres tu la que no sabe que perra esta apunto de soltar un mordida.
HIja de Perrra muerde de vuelta.
Ahí estaba La Chaparra, con el sweter de que blanco no le quedaba nada, el pelo enmarañado y comiendo un elote que había pepenado del camión de la basura. Mismo que terminó por tirarle un diente más. Ahi estaban con ella el chicles, el cerillo, el gato y el Rina quien le debia el apodo a una telenovela de Ofelia Medina, en donde su personaje compartía con el excuincle una monumental joroba, todos comían su respectivo elote, los menos afortunados como El Chicles solo podían chupar el hueso cuando llegaron Los D'enfrente. Otros niños de la calle, chamagosos al fin y al cabo, en la Tatemada sólo podían reconocer a los dos bandos por la diferencia de edad. Los XX, o sea a los que Hija de Perra llamaba los de'nfrente eran màs grandes, màs gandallas, y famosos por robar bolsas de mercado. A dicho grupo lo regenteaba un niño de ocho años que en apartaba diez, godinflón y prepotente y que se le conocía con el mote de El Garnacha. Tenían hambre y los niños perdidos, en ese momento tenían algo que ellos no: sobras de comida. Pero los màs chamacos, por su parte, tenían algo que ellos jamás tendrían: a Hija de Perra. En un primer repaso, la banda de el Garnacha no se preocupaban por la Chaparra, la chamagosa niña que se les había pegado, y aprovechando que su mero mero valedor el Paco's seguro andaba de limpiaparabrisas decidieron atacar. Sin aviso, La Garnacha le dió un zape a Hija de Perra, quien del golpe dejó caer su elote, se fue directo contra el cerillo y así, cada uno de los XX tenía a un chamagoso en el piso. Nunca creyeron que debajo de la chaparra, tan inocente y desprotegida en apariencia, se esondía una verdadera fiera, que podía ser muy solidaria y cooperativa, y hasta cierto punto dejada, ella tenía sus límites, y jamás dejaría que el Garnacha o cualquiera la ofendiera internamente, para una niña de cinco años, todo su mundo y futuro era un insiginificante hueso de elote, mismo que ahora estaba en manos del Garnacha y apunto de llevarse a la boca. Con toda su fuerza lanzó un puñetazo que primero tocó el hueso robado el cual provocó el desprendimiento de todos sus dientes. Las pequeñas peleaspararon, sincronizados todos los XX rodearon a la Chaparra. Ella no dudó y se lanzó contra el gordinflón, con femeninos pellizcos, jalones de pelos, razguños y cachetadas, èrp también masculitos puñetasos, cabezasos y patadas a lo testículos. El Garnacho no podía defenderse y sólo intentaba salir de la carcel madreatoria de la niña. Cuanod lo hizó, él y toda su banda estaban soprendidos, y en un tono que variaba entre el miedo y el sollozo le gritó a la niña aun en cuatro patas y emitiendo el sonido que desde bebé fue el único que pudo mostrar: rugidos, que mezclados con esa rabia, se conbirtieron en ladridos. Hija d perra ladraba, y ladraba.
El Garnacha, antes de largarse y limpiando la sangre que escurria de la boca, y aterrado solo le gritó.
- ¡Tu! ¡Tu eres una hija de perra!
Y apartir de ese día y con todos los mirones que se juntaron a ver la madriza del Garnacha, el barrio conoció y temió a Hija de Perra.
El Garnacha y su banda pensarían dos veces antes de atacarla, pero aún habían más personajes en ese barrio que no sabían nada de la fuerza interior de esa niña, pero en cuanto se cruzaran en su camino lo iba a descubrirm como hija de perra muerde de vuelta. Y muerde más fuerte.